Necesitaba unos días de descanso, un poquito de tiempo para ordenar ideas y para cuidar de mí. Y ya sabeis que mi sitio favorito está cerca del mar. Así que no me lo pensé dos veces, metí todos mis trastos en la maleta y cogí el autobús. Doce horas de viaje. ¿Eternas? ésta vez no, como si mi cuerpo y mi mente empezasen a prepararse ya para el descanso, me quedé dormida como un bebé y me pasé el viaje entero roncando jajjaja. Abrir la puerta de casa después te tanto tiempo me provocó una sensación extraña. Me senté en la terraza como tantas veces sin saber muy bien que era lo que sentía en aquel momento, tratando de adivinar si había sido la decisión correcta, si estaba donde tenía que estar. Ha pasado ya casi una semana y puedo decir que sí, que fue la decisión correcta. Hoy caminando cerca del mar, escuchando el ruido de las olas, viendo la playa vacia...me ha invadido una calma que hacía tiempo que no sentía, tanta que cada minuto que paso aquí siento menos ganas de volver a casa. Disfruto de la soledad, de ese tiempo para mí que tanto necesitaba...De los largos paseos cerca del mar, de los rayos de sol que aunque no calientan como en verano parecen darme vida, energía...Hoy me siento en paz conmigo misma, con mi vida, estoy aprendiendo a reconciliarme con mi pasado, y a no pensar demasiado en el futuro, aprendiendo a vivir el presente lo mejor que se, lo mejor que puedo, y tratando de no perder la sonrisa. Estoy aprendiendo a vivir con la certeza de que nunca volveré a ser la que era, pero que eso no es malo, he crecido, he madurado, he cambiado...Lo importante es que después de tanto tiempo, en el fondo, en lo más hondo de mí siento que sigue estando mi esencia, que sólo necesito tiempo, calma...BESOS DE LUNA A TODOS, hoy salpicados de rayos de sol.



















